¿Por qué hay países que se niegan a dejar de usar el dinero en efectivo?

¿Por qué hay países que se niegan a dejar de usar el dinero en efectivo?
Categoría: Servicio al cliente

Si hace unos días nos hacíamos eco en los medios de comunicación de países como Noruega donde han prohibido el uso de dinero en efectivo en restaurantes y gasolineras para combatir el fraude fiscal. Hoy nos llega nueva información del Banco Central Europeo (BCE) donde se estudia el caso particular de Alemania, un país donde más del 80% de las transacciones se realizan en efectivo.

Cada país tiene sus peculiaridades y es de sobra conocido que a los alemanes les gusta ahorrar y pagar en efectivo incluso compras grandes como un coche. Sin embargo, el Banco Central Europeo va más allá y establece un paralelismo directo de esta costumbre con la opresión y el control durante la Guerra Fría.

Alemania es un país que ha pasado por una cantidad “incómoda” de guerras, donde su población ha sufrido y donde se ha extendido la animadversión cultural hacia el crédito y el endeudamiento personal o a nivel empresarial. Incluso a día de hoy todavía conservan la mayoría de sus reservas de oro en países como Estados Unidos, Inglaterra o Francia.

En 2016 se intentó poner un límite de 5.000€ para las transacciones en efectivo, como ya se ha hecho en la mayoría de países de la Unión Europea, sin embargo, las protestas fueron tan fuertes que el Primer Ministro Wolfgang Schäuble se tuvo que echar a un lado y dejar las cosas como estaban.

Muchas entidades como el Deutsche Bundesbank han intentado buscar una serie de explicaciones lógicas por las que Alemania es uno de los países del mundo donde gusta más pagar con dinero en efectivo, pero al final todo se reduce a una cuestión cultural arraigada desde hace generaciones. Y, como a nivel financiero les ha ido muy bien, usan ese sistema con orgullo y no quieren cambiarlo.

En el resto de la Unión Europea la situación es similar cuando hablamos de pequeños negocios, donde la mayoría de la población prefiere el uso de efectivo, aunque las diferencias surgen cuando el importe de la compra supera los 1.000 o 2.000€.